Aceptar la realidad no es fácil.
Hoy decidí no enredarme más la cabeza y dejar de pensar en
ellos, a la final ninguno está más en mi vida o cerca.
Inicio el día con mi rutina habitual un café y un
cigarrillo, prendo el compu saludo a mis gatos como es de costumbre y me dedico
a revisar y borrar toda esa cantidad de correo basura que llega. Soy una víctima
más de esa tan grandiosa idea de los correos masivos, creo que ya me de
suscribí de 50 listas y aun así siguen llegando varios correos sobre productos
o talleres que no quiero tomar. Luego de esto mientras decido empezar a trabajar miro esas tan adictas redes sociales que
consumen a decir verdad una gran parte de mi tiempo productivo y lo hago
tranquila hasta que de repente comienzan todas estas actualizaciones de estado
de los muchos “amigos” que todos tenemos de más
y justo en ese momento que decido cerrar la sesión, aparece ese maldito
estado que no quieres leer y para mi mala suerte aparecen el estado de los 2. Esos
donde ellos cuentan lo felices que están con sus vidas y lo enamorados que se
encuentran uno de su linda, hermosa y flacuchenta novia y el otro de su
maravillosa carrera.
Sé que debí haberlos borrado hace mucho tiempo, pero esta
morbosa curiosidad no me deja despegarme por completo de ellos, necesito me
urge saber cómo están y que pasa en sus ridículas vidas (si claro lo digo yo que vivo pendiente de lo
que hacen junto con mis tantos gatos acompañándome en la soledad de mi
estudio). Aun así ellos son los ridículos que deciden comentar todo lo que
hacen en su día. Tomo la decisión más lógica del mundo… ingresar a sus perfiles
y ver todas sus actualizaciones para
simplemente entender que sus vidas siguen sin mí, justo en ese momento la
ceniza de mi cigarro me aterriza y me muestra que somos nosotros los causantes
de dolor que sentimos, acepto la realidad de sus grandiosas vidas y decido por
hoy no enredarme mas la vida, levantarme de la silla y darles de comer a mis
gatos, al final tengo que trabajar y puedo esperar a mañana para mirar de
nuevo.